San Ignacio de Antioquía y la Eucaristía: ¿Símbolos o realidades?

San Ignacio de Antioquía nació alrededor del año 68 d. C. y murió alrededor del año 107 d. C., martirizado en la ciudad de Roma. Además, según la tradición, fue discípulo del apóstol Juan. San Ignacio es uno de los testimonios más antiguos e importantes de la época de los Padres Apostólicos. Sus enseñanzas quedaron plasmadas en siete cartas que escribió mientras se dirigía a Roma, donde sería martirizado.

Cuando se estudian los textos sobre la Eucaristía de este periodo temprano, san Ignacio de Antioquía destaca por la gran importancia que le da. En sus escritos, la llama la «medicina de la inmortalidad». También encontramos varias citas importantes sobre la Eucaristía, entre las que destacan las siguientes:

Se abstienen de la Eucaristía [posiblemente en referencia a los docetas] y de la oración, porque no confiesan que la Eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, quien sufrió por nuestros pecados y a quien el Padre, en su bondad, resucitó.1

… de modo que obedezcan al obispo y al presbiterio con un ánimo indiviso, partiendo un mismo pan, que es el remedio de la inmortalidad, y el antídoto que nos impide morir, sino [que hace] que vivamos para siempre en Jesucristo.2

Presten atención, pues, a celebrar una sola Eucaristía. Porque hay una sola carne de nuestro Señor Jesucristo, y una sola copa para [manifestar] la unidad de su sangre; un solo altar; así como hay un solo obispo, junto con el presbiterio y los diáconos, mis compañeros en el servicio: para que, hagan lo que hagan, lo hagan conforme a [la voluntad de] Dios.3

Vemos, pues, que san Ignacio se caracteriza por utilizar un lenguaje muy claro al hablar de la Eucaristía. En su Carta a los esmirniotas, la identifica con la misma carne de nuestro Salvador Jesucristo, que padeció en la cruz. El P. Jaume Fontbona, doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, señala acertadamente que:

Ignacio es deudor de un fuerte realismo sacramental, identificando el pan eucarístico con la carne de Cristo.4

Ahora bien, cuando los católicos utilizan estas citas de san Ignacio, algunos protestantes podrían responder que, en otras de sus cartas, el santo relaciona la carne de nuestro Señor con la fe o el amor. Por ello, podrían argumentar que las referencias a la Eucaristía deben entenderse de forma simbólica y no literal.5

Veamos algunos ejemplos de textos en los que san Ignacio parece inclinarse hacia una visión más simbólica:

Pero vuestra oración a Dios me hará perfecto, para que pueda alcanzar aquella porción que, por misericordia, me ha sido asignada, mientras recurro al Evangelio como a la carne de Jesús, y a los apóstoles como al presbiterio de la Iglesia.6

Por eso, revístanse de mansedumbre, renuévense en la fe —que es la carne del Señor— y en el amor —que es la sangre de Jesucristo—. Que ninguno de ustedes guarde rencor contra su prójimo.7

Como vemos en las dos citas anteriores, san Ignacio hace comparaciones simbólicas entre el Evangelio y la carne del Señor, así como entre el amor y la sangre de nuestro Señor. Esto es evidente en dichos pasajes. Sin embargo, esto no afecta la postura católica, pues el hecho de que Ignacio utilice un lenguaje simbólico en determinadas ocasiones no significa que su pensamiento sea meramente simbólico. Afirmar lo contrario sería caer en un falso dilema.

Recurriendo nuevamente al trabajo del P. Jaume Fontbona, quien dedica una sección completa a san Ignacio en su libro, encontramos la siguiente explicación:

Así, el pan y el vino son el cuerpo y la sangre de Cristo, pero también lo son la fe y el amor (ἀγάπη). En efecto, el cuerpo y la sangre de Cristo, por un lado, y la fe y el amor (ἀγάπη), por el otro, se implican mutuamente.8

Vemos, pues, que los escritos de san Ignacio son totalmente compatibles con la visión católica de la Eucaristía. La clave está en leerlos en conjunto, de forma orgánica y evitando caer en falsos dilemas.

Incluso algunos estudiosos, como James O’Connor, explican que en los pasajes eucarísticos de san Ignacio también está presente la realidad de la Encarnación, lo que refuerza su lenguaje realista al hablar de la Eucaristía.

Y, siguiendo a Cristo, Ignacio identifica “el Pan de Dios” con la Carne y la Sangre del mismo Jesús. Para enfatizar, Ignacio se refiere a la ascendencia davídica de Jesús, enfatizando así, como lo hace a menudo en sus cartas, la realidad histórica y material de la Encarnación.9

Más adelante, O’Connor afirma lo siguiente: «El deseo de Ignacio por el Pan de Dios se fundamenta en el realismo con el que identifica ese Pan con la Carne y la Sangre de Cristo».10

A manera de conclusión, podemos ver que san Ignacio utiliza un lenguaje muy realista al hablar de la Eucaristía. Para él, esta es el verdadero cuerpo y la sangre de Cristo. Si bien en otros pasajes utiliza expresiones simbólicas, esto no significa que su visión se reduzca a meros símbolos. Por ello, debemos evitar los falsos dilemas.


  1. The Epistle of Ignatius to the Smyrnaeans, VII, https://www.newadvent.org/fathers/0109.htm ↩︎
  2. The Epistle of Ignatius to the Ephesians, XX, https://www.newadvent.org/fathers/0104.htm ↩︎
  3. The Epistle of Ignatius to the Philadelphians, IV, https://www.newadvent.org/fathers/0108.htm ↩︎
  4. Fontbona, J. (2007). La cena del Señor, misterio de comunión. Centre de Pastoral Litúrgica, p. 77 (kindle) ↩︎
  5. Utilizo la palabra «podría» porque dentro del protestantismo no existe una única forma de entender la Eucaristía, sino distintas posturas que van desde una visión más realista hasta una interpretación meramente simbólica. Sin embargo, mi enfoque está principalmente en responder a quienes defienden esta última postura. ↩︎
  6. The Epistle of Ignatius to the Philadelphians, V, https://www.newadvent.org/fathers/0108.htm ↩︎
  7. The Epistle of Ignatius to the Trallians, VIII, https://www.newadvent.org/fathers/0106.htm ↩︎
  8. Fontbona, J. (2007). La cena del Señor, misterio de comunión. Centre de Pastoral Litúrgica, p. 78 (kindle) ↩︎
  9. O’Connor, J. T. (2010). The hidden manna: A theology of the Eucharist. Ignatius Press, p. 35 (kindle) ↩︎
  10. Ibid. p. 37 ↩︎

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