Los hermanos de Jesús y el criterio de simplicidad

Resolver la búsqueda de la identidad de los hermanos de Jesús no es necesariamente una búsqueda de la virginidad perpetua de María (ustedes pueden ver el trabajo de Bauckham al respecto). Sin embargo, es un paso importante para no dejar intrigas sobre algo tan importante para esta doctrina. 

Entre tantos argumentos bíblicos e históricos, algunos apologistas decidieron que la cuestión podría decidirse por la vía filosófica, más específicamente epistemológica. En epistemología existe un criterio para evaluar la plausibilidad de diversas hipótesis, el cual conocemos como «criterio de simplicidad». Algunos otros, lo conocen como «navaja de Ockham» en honor a Guillermo de Ockham (1287 – 1347), pero también se le llama «principio de parsimonia». 

Según este criterio, las teorías más complejas tienen más probabilidades de fallar y, por lo tanto, resultar falsas. El criterio de simplicidad evalúa teorías competidoras en igualdad de condiciones, prefiriendo aquella que no se extiende innecesariamente para explicar un hecho. Por ejemplo, nosotros solemos rechazar las teorías conspiranoicas porque creemos que son demasiado complejas y asumen puntos de vista arbitrarios para explicarnos la realidad. No las rechazamos porque no expliquen los datos relevantes, lo hacen, simplemente sus explicaciones son tantas que la coordinación entre ellas y todos los factores que deben funcionar correctamente para que la teoría de conspiración sea cierta es demasiado improbable. Una hipótesis fea y enrevesada no tiene garantía de éxito epistémico; en cambio, una hipótesis simple y sin tantas partes falsables resulta más confiable. 

Esto es matemática pura: entre más partes, más probabilidades de fallar; entre menos partes, menos probabilidades de fallar. Por ello, el vínculo entre la simplicidad y la verdad se refiere a la probabilidad. Sin embargo, debemos precisar que la hipótesis más simple no garantiza que la misma sea verdadera. Las hipótesis más complejas no es que no tengan ninguna garantía de éxito, simplemente es menor en comparación a las hipótesis más simples, pero aún puede ser cierta. 

Ahora, ¿cómo se relaciona todo esto con la búsqueda de la identidad de los hermanos de Jesús? En suma, algunos protestantes argumentan que, dado que la teoría helvidiana es más simple, significa que es más probable que sea cierta, y por lo tanto deberíamos preferirla por encima de otras teorías competidoras (como la jerominiana y la epifaniana). Dado que Helvidio, y con él la mayoría de protestantes modernos, leen en las Escrituras los términos «hermanos» (gr. adelfos) como «hermanos uterinos», que es el significado más normal para esta palabra, entonces no se complicó ni multiplicó las explicaciones de manera innecesaria y arbitraria. Eso haría, supuestamente, que su teoría tomara mayor peso para una mente razonable. 

El problema con esto es claro: ¿y si la hipótesis de Helvidio no tiene un buen alcance explicativo? 

Antes del criterio de simplicidad, se encuentra el criterio de exhaustividad explicativa. Este criterio responde a la pregunta sobre qué tan bien explica, anticipa o da sentido una teoría a un hecho o hechos concretos. Si bien intuitivamente optamos casi siempre por las explicaciones más simples, eso no quiere decir que tales explicaciones expliquen satisfactoriamente todos los datos disponibles. 

En el caso de la tesis helvidiana, sostengo que no explica adecuadamente todos los datos bíblicos en torno a los hermanos de Jesús y, en cambio, crea complejidades y explicaciones ad hoc. Por ejemplo, dicha tesis no explica adecuadamente el hecho de que Jesús, antes de su muerte, haya entregado a María como madre de Juan, y no a sus hermanos, lo cual era una obligación moral y legal según el contexto judío si es que Santiago, Judas, Simón y José eran hermanos menores de Cristo. En cambio, este hecho lo explica adecuadamente la teoría de Jerónimo y Epifanio. 

Tampoco explica otros datos bíblicos, como el que los hermanos de Jesús le hablaran de manera tan altanera si estos eran menores, algo impensable en el judaísmo del segundo templo, o que a Jesús se le identifique bajo un matronímico en Marcos 6,3. Estos datos no son probables en la teoría de helvidio, pero sí en la epifaniana y jerominiana. 

Además, tampoco es que se pueda afirmar tan sencillamente que la hipótesis de Helvidio es más simple que las competidoras. Un helvidiano afirma que Jesús tuvo hermanos, pero no permanece agnóstico a lo dicho por los jerominianos y epifanianos. En cambio, los helvidianos niegan activamente sus propuestas. De este modo, no es que la teoría epifaniana, por ejemplo, afirme A, B, C, D, E y F, mientras que la teoría helvidiana solamente afirme A. En cambio, la postura de Helvidio afirma A y NO-B, NO-C, NO-D, NO-E y NO-F. ¿Se puede afirmar algún tipo de orden de simplicidad entre afirmar A y NO-A? No parece haber motivos para ello. 

En conclusión, incluso si concedemos que la tesis helvidiana es más parsimoniosa, no se garantiza su veracidad. La postura epifaniana y jerominiana gozan de poder explicativo en lugares donde la postura helvidiana no llega, al menos no de manera arbitraria.

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