Virginidad de María: Examen de Lucas 2,7 y Mateo 1,25

Los cristianos, desde la antigüedad, hemos creído que María permaneció perpetuamente virgen: católicos, ortodoxos y algunos grupos protestantes han sostenido esta creencia. Sin embargo, en la actualidad estos últimos, es decir, los protestantes, rechazan el dogma apelando a pasajes como Mateo 1,25, Lucas 2,7 y Marcos 6,3. En estos pasajes aparecen expresiones controvertidas que parecerían apuntar a una contradicción con el dogma.

Hoy me gustaría examinar dos pasajes en particular: Lucas 2,7 y Mateo 1,25. En estos textos se menciona a Jesús como el «primogénito» de María, lo que, según los detractores de la virginidad perpetua de María, implicaría que hubo más hijos después. Asimismo, aparece la famosa expresión «hasta que», la cual parecería apuntar a un cambio en el estado virginal de María después del nacimiento del Salvador.

Los pasajes sobre los «hermanos» de Jesús no los abordaré en este artículo. Sin embargo, para los interesados, recomiendo el capítulo V del libro Jesús y las raíces judías de María, del erudito Brant Pitre, para un tratamiento más profundo del tema. 

Antes de abordar los pasajes en cuestión, es importante entender qué enseña la Iglesia Católica. En síntesis, creemos que María fue virgen antes del parto, durante el parto y después del parto, en sentido pleno, tal como comenta el padre Juan Luis Bastero en su manual de mariología:

La virginidad de María es un hecho que afecta tanto a sus sentimientos, afectos y pensamientos como a su cuerpo. El Magisterio de la Iglesia precisa que la palabra virginidad ha de tomarse en un sentido realístico, pues se trata de una virginidad real, no metafórica, que afecta no sólo al alma, sino también al cuerpo y, por ello, constituye no sólo una gloria de María, sino también un misterio.1

Como vemos, la virginidad perpetua de María es un don que María posee en toda su persona. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en su numeral 499:

La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo «lejos de disminuir consagró la integridad virginal» de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la «Aeiparthenos», la siempre-virgen.

Aclarado este punto, es momento de examinar los textos mencionados al inicio de este artículo. 

En Lucas 2,7 se nos narra el nacimiento de Jesús, y el evangelista utiliza la palabra «primogénito», (gr. prōtótokos [πρωτότοκος]). A partir de ello, algunos argumentan que «primogénito» significa necesariamente el primero de varios hijos y, por tanto, que María tuvo hijos después de Jesús. Veamos algunos ejemplos de escritores protestantes que sostienen esta postura.

Los autores Gregg Allison y Chris Castaldo en su libro The Unfinished Reformation comentan:

La descripción que hace Lucas de Jesús como el «hijo primogénito» de María (Lucas 2:7) también implica que Jesús tenía hermanos y hermanas, como confirman las Escrituras.2

Para dar una respuesta adecuada, debemos entender qué significa la palabra «primogénito». Este término tenía una connotación legal según lo prescrito en la Ley mosaica, en la cual se consagra al primer hijo varón, independientemente de si existían o no hijos posteriores.

Un texto interesante es Números 3,40: «El Señor dijo a Moisés: «Haz el censo de todos los primogénitos (בְּכוֹר /bekor/) varones de los hijos de Israel, de un mes para arriba, y registra sus nombres»». Este texto resulta particularmente importante porque muestra que un niño podía tener apenas un mes de edad y ya era llamado «primogénito», mucho antes de que pudiera saberse si existirían o no hijos posteriores.

Una gran cantidad de exegetas bíblicos, tanto católicos como protestantes, coinciden en que la palabra «primogénito» no implica necesariamente que después hayan nacido más hijos. Veamos tres ejemplos:

El adjetivo prototokos no tiene por qué significar necesariamente «el primer nacido» entre varios hermanos. En algunos textos se añade monogenês («unigénito»), precisamente para subrayar la unicidad. Lo que dice nuestro pasaje es que María no había tenido ningún hijo antes de Jesús y que éste tenía todos los derechos legales de la primogenitura, según las prescripciones de la ley mosaica.3

Primogénito no supone necesariamente hermanos menores, sino que subraya la dignidad y los derechos del niño.4

πρωτότοκος , «primogénito», prepara el terreno para el v. 23 y establece para este niño el estatus y los privilegios del primogénito en la ley mosaica (Éxodo 13:2 ; Núm. 3:12-13 ; 18:15-16 ; Deuteronomio 21:15-17). La palabra no proporciona ninguna base para una decisión sobre posibles hijos posteriores de María.5

La última cita resulta particularmente importante, pues explica que la palabra «primogénito», empleada por Lucas, tiene un propósito específico: preparar al lector para Lucas 2,23, donde se narra la presentación de Jesús en el Templo en cumplimiento de la Ley mosaica.

Esto también responde a la contra objeción de que Lucas habría utilizado la palabra monogenēs si hubiese querido dar a entender que Jesús era hijo único y que, al emplear prōtótokos, pretendía comunicar lo contrario. Sin embargo, vemos que el propósito de Lucas no es indicar si Jesús tuvo o no hermanos, sino conectar el relato del nacimiento con el episodio de la presentación del Niño en el Templo conforme a la Ley judía.

Aclarado este punto, ahora pasemos a nuestro segundo texto polémico: Mateo 1,25. El texto dice: «Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús». 

Los protestantes hacen énfasis en la expresión «hasta qué» (gr. heos hou), pues, según indican, esta implicaría un cambio de situación; es decir, que una vez nacido Jesús, José y María habrían tenido intimidad. Esto se debe a que la palabra «conocer» es un eufemismo bíblico que, en algunas ocasiones, se utiliza para referirse a relaciones sexuales.

Tomemos como referencia al difunto pastor John F. MacArthur. En su comentario al Evangelio de Mateo, afirma:

Mateo deja en claro que María permaneció virgen hasta que dio a luz, sugiriendo que las relaciones maritales normales comenzaron después de ese tiempo.6

Según la cita anterior, Mateo da a entender claramente que, después del nacimiento de Jesús, José y María comenzaron a tener relaciones maritales. Sin embargo, esta interpretación resulta incluso extraña. Pensemos por un momento: ¿qué interés tendría Mateo en resaltar al lector que María y José comenzaron a tener intimidad después del nacimiento de Jesús?

Esto nos obliga a plantearnos dos preguntas. Primero, ¿cuál es la intención de Mateo en este texto? Y segundo, ¿la expresión «hasta que» implica necesariamente un cambio posterior en la situación descrita? Comencemos con la primera cuestión.

Diversos exegetas comentan que el interés de Mateo es defender la concepción virginal. Recordemos que el mismo evangelista afirma que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el Evangelio de Mateo. Es decir, Mateo quiere recalcar que José no tuvo intervención alguna en la concepción de Jesús durante ese período, desde la Anunciación hasta el nacimiento de Jesús.

Quisiera reforzar este punto haciendo referencia a la siguiente cita académica:

La conjunción griega traducida como «hasta» no implica que José y María tuvieron relaciones después del nacimiento de Jesús. Se refiere a su relación hasta el nacimiento de Cristo, sin pretender comunicar un cambio ni una continuidad en la situación posterior. El propósito de Mateo es subrayar la falta de participación de José en el embarazo de María y, por lo tanto, reforzar la naturaleza milagrosa de la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo.7

Un texto típico que puede ayudarnos a argumentar que la expresión «hasta que» no implica necesariamente un cambio posterior es 2 Samuel 6,23, donde se nos dice: «Y Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos hasta el día de su muerte». Evidentemente, sería absurdo afirmar que después de fallecida tuvo hijos. Vemos, pues, que la expresión «hasta» no implicó un cambio de situación después del momento mencionado.

Algunos objetan que este texto no es válido porque, mientras Mateo utiliza la construcción griega ἕως οὗ (heōs hou), la cita de Samuel emplea únicamente ἕως (heōs). A partir de ello, argumentan que no se trataría del mismo uso gramatical y que, por tanto, el paralelo no sería aplicable.

Sin embargo, en estudios recientes esta objeción ha sido cuestionada. Como comenta Laurent Cleenewerck:

Como atestiguan Sófocles en su Léxico griego de los períodos bizantinos romanos y Esteban en su Thesaurus Graecae Linguae , desde un punto de vista gramatical, no existe una diferencia relevante entre heos solo y heos hou.8

Por tanto, según Laurent Cleenewerck, nuestro ejemplo de 2 Samuel 6,23 sigue siendo válido.

Quisiera finalizar citando a un Padre de la Iglesia muy importante: San Juan Crisóstomo. Su testimonio resulta especialmente relevante, pues Crisóstomo era hablante nativo de griego, por lo que su explicación constituye una referencia particularmente confiable para comprender el sentido de la expresión utilizada en Mateo 1,25.

Mateo usa aquí la palabra «hasta» no para que sospeches que después José tuvo relaciones con ella, sino para informarte que antes del nacimiento la Virgen no había sido tocada por ningún hombre. Pero, ¿por qué entonces, cabe preguntarse, usa la palabra «hasta»? Porque es común en las Escrituras que esta expresión se use sin referencia a tiempos específicos y limitados. He aquí tres ejemplos. Primero, en la narración del arca se dice que «el cuervo no regresó hasta que la tierra se secó», sin embargo, el cuervo no regresó ni siquiera después de ese tiempo limitado. Segundo, al hablar de Dios, las Escrituras dicen: «Tú eres desde la eternidad hasta la eternidad», pero aquí no implica que se esté fijando un límite, sino todo lo contrario. Tercero, al predicar el evangelio de antemano y decir: «En sus días florecerá la justicia y abundará la paz, ¡hasta que la luna deje de existir!», no se está estableciendo un límite temporal para esta hermosa parte de la creación. Así pues, aquí también se utiliza la palabra «hasta» para asegurar lo que ocurrió antes del nacimiento, pero en cuanto a lo que sigue, deja abierta la interpretación. Por lo tanto, es necesario saber lo que enseña Mateo: que la Virgen permaneció virgen hasta el nacimiento. Pero el resto queda a vuestra interpretación, tanto como consecuencia de la narración anterior como de lo que se reconoció posteriormente: que ni siquiera después de haberse convertido en madre y de haber sido considerada digna de un nuevo tipo de parto y de una maternidad tan extraordinaria, aquel hombre justo podría haberse permitido tener relaciones sexuales con ella.9

  1. Eleizald, B., Alaiz, J., & Manuel, J. (2015). Mariología. España: EUNSA, p. 39. ↩︎
  2. Allison, G. & Castaldo, C. (2016). The Unfinished Reformation. Michigan: Zondervan. (Version digital Perlego.com). ↩︎
  3. Comentario Evangelio Lucas, Joseph A. Fitzmyer, pág 222 ↩︎
  4. Dillmann, R. (2012). Comentario al evangelio de Lucas (1st ed.). España: Verbo Divino, p. 63. ↩︎
  5. Nolland, J. (2000). Luke 1:1-9:20, Volume 35A, Word Biblical Commentary. Michigan: Zondervan, p. 105. ↩︎
  6. Mateo (Comentario Macarthur Del N.t.) (Spanish Edition), https://www.google.co.cr/books/edition/Mateo/onk2DwAAQBAJ?hl=es&gbpv=1 ↩︎
  7. Mitch, C. & Sri, E. (2010). The Gospel of Matthew (Catholic Commentary on Sacred Scripture). USA: Baker Academic, p. 47. ↩︎
  8. Cleenewerck, L. (2015). Aiparthenos Ever-Virgin Understanding the Orthodox Catholic. USA: Euclid University Press, ch. 3. ↩︎
  9. Evangelio de Mateo, Homilía, disponible en Catena Bible. ↩︎

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