Una respuesta a N. T. Wright sobre el purgatorio

En un artículo (Rethinking Tradition) recuperado de su blog personal, el destacado erudito anglicano N. T. Wright hace algunas críticas a la concepción católica del estado intermedio, algo que a primera vista Wright no rechaza. 

El Dr. Wright afirma que, dado que la resurrección es un estado final al que no hemos llegado, todos los cristianos después de la muerte están igualmente en una condición de estado intermedio entre la muerte y la resurrección. Para Wright, a ese estado intermedio podría denominarsele «cielo». Así, este «cielo» no admite ningún tipo de categorías diferentes entre las almas que ahí reposan a la espera de la resurrección corporal de la que habla San Pablo (1 Cor 15,23ss). 

Wright señala que las Escrituras llaman indiscriminadamente «santos» a cualquier cristiano, incluso a los más pecadores. La santidad, en este sentido, no está ligada a las acciones de los cristianos, sino que, como afirma Wright apelando al contexto del Nuevo Testamento y los descubrimientos de los rollos del Mar Muerto, «se les designa así […] porque al unirse a la secta —en el caso del cristiano, al bautizarse y confesar a Jesús como el Señor resucitado— han abandonado el reino de las tinieblas y entrado en el reino de la luz».

Wright concluye que «esto significa que el lenguaje del Nuevo Testamento sobre la muerte física de los cristianos y lo que les sucede después no hace distinción alguna entre quienes han alcanzado una santidad significativa o semejanza con Cristo en el presente y quienes no». Wright traslada esta situación al estado intermedio (o cielo). Su ancla aquí es Filipenses 1,23: «Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor…»

Según Wright, esto significa que todos los que mueren «están con Cristo» y ninguno podría dejar de ser considerado santo a diferencia de otras almas dentro de este estado intermedio. Wright no saca una conclusión sobre el purgatorio y la visión católica en estos párrafos, pero la sugerencia parece bastante obvia. 

La Iglesia católica, sin embargo, enseña que las almas en el purgatorio, aunque imperfectamente purificadas, «mueren en la gracia y en la amistad de Dios» (CIC 1030). Eso hace que, aun después de la muerte, siguen siendo personas santas pero imperfectas. Dado que, según Apocalipsis 21,27 «nunca entrará en ella nada impuro», se sigue que estas almas no gozarán aún de lo que la Iglesia llama «visión beatífica». La enseñanza de Pablo en Filipenses 1,23 no anula la doctrina del purgatorio, pues lo que Pablo expresa es su deseo de estar con Cristo, mas no afirma que tal situación es inmediata a la muerte. 

Por poner un ejemplo, yo puedo estar en el trabajo y decir (realmente lo digo, con mucha frecuencia): «deseo salir del trabajo y estar en mi casa». Sin embargo, esto no significa que en cuanto salga del trabajo estaré en mi casa: todavía tengo que conducir unos kilómetros, quizás pasar a alguna farmacia, tienda o negocio, y quizás incluso se me ponche un neumático. Nada de eso anularía mi deseo. 

Wright lanza otra crítica a la doctrina del purgatorio apoyándose del ejemplo del ladrón en la cruz. Antes de morir, Cristo le dice: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso». Wright comenta: 

Si hay alguien en el Nuevo Testamento a quien podríamos haber esperado que se aplicara la doctrina clásica del purgatorio, sería a este bandido. No tenía tiempo para enmendar su vida; sin duda albergaba toda clase de pensamientos y deseos pecaminosos en lo que quedaba de su cuerpo. Todos los argumentos habituales a favor del purgatorio se aplican a él. Y, sin embargo, Jesús le asegura su lugar en el paraíso, no en unos días o semanas, no si sus amigos rezan mucho y celebran misas por él, sino «hoy».

Estas críticas malentienden la doctrina católica de varias maneras. En primer lugar, la Iglesia no enseña que una persona debe enmendar su vida, necesariamente, con buenas acciones para ir al cielo. La Iglesia también enseña que antes de morir una persona puede alcanzar un grado de contrición perfecta que haría que todos sus pecados, mortales y veniales, sean perdonados: 

Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama «contrición perfecta» (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental (cf Concilio de Trento: DS 1677). (CIC 1452)

Pero incluso si pensamos que el «buen ladrón» de la cruz no tuvo este tipo de contrición y todavía debía pagar penas penitenciales por sus pecados, como afirma la doctrina católica, ¡nos olvidamos de que es precisamente lo que el ladrón estaba haciendo! La muerte que estaba sufriendo era en virtud de sus pecados. Las penas temporales que podrían quedarle por pagar estarían siendo bien satisfechas por la horrorosa muerte de la cruz. De ese modo, Cristo, viendo que el ladrón ya estaba pagando por sus pecados, le habría dicho que ese día estaría disfrutando de la visión beatífica. 

En segundo lugar, Wright asume que «paraíso» (gr. parádeisos) en Lucas 23,43 significa necesariamente el cielo. El concepto es confuso ya que no tiene una explicación detallada sobre su significado en el Nuevo Testamento. Además, es contextualmente incompatible con la visión de Wright sobre el estado intermedio. Si Jesús le dijo al ladrón que ese día estaría con él en el cielo, sería extraño, ya que Jesús no ascendió al cielo sino hasta cuarenta días después de su resurrección (Hch 1,3.9). El día de su muerte, según testifica 1 Pedro 3,19, «fue y predicó a los espíritus encarcelados». La «cárcel» no parece ser un buen término para describir el cielo, ¿verdad?

En tercer lugar, el texto griego también es confuso. En el griego no hay signos de puntuación. Cuando Cristo dice: «Hoy (gr. sēmeron) estarás conmigo en el paraíso», bien pudo redactarse como: «Hoy te digo, estarás conmigo en el paraíso». El texto griego podría enfatizar tanto el momento en el que Cristo le dice esas palabras al ladrón como el momento en el que el ladrón estaría en el paraíso con Cristo. La posibilidad de la segunda lectura es en virtud de que sēmeron se suele utilizar para marcar momentos en los que Cristo dará una revelación especial o de salvación (véase los siguientes usos en Lucas 2,11; 4,21; 5,26; 13,32-33; 19,9; 22,34, 61). En ese sentido, Jesús podría estarle diciendo al ladrón que estará con él en el cielo (si es que paraíso significa cielo) en algún momento indeterminado, y que «hoy» es el día en que se lo está revelando. Eso deja abierta la posibilidad de que el ladrón pase por un estado de purificación antes de llegar a la visión beatífica. 

Luego, Wright cita 1 Corintios 3,10-15, al cual llama «uno de los pasajes más impactantes del Nuevo Testamento sobre el juicio en el momento de la muerte o después de ella»: 

Según la gracia que Dios me ha dado, yo, como maestro constructor, puse el fundamento y otro construye sobre él. Pero cada uno tenga cuidado de cómo construye, porque nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Jesucristo. Si alguien construye sobre este fundamento ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno. Si lo que alguien ha construido permanece, recibirá su recompensa, pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego. 

Wright dice que este pasaje establece una clara distinción entre los cristianos después de la muerte, pero que «ni siquiera aquí se vislumbra una distinción en términos de progresión temporal». Wright tiene un problema persistente en su comprensión del purgatorio, y es que cree que los cristianos en el mismo no son santos ni salvos, ya que posteriormente dice «no: ambos serán salvos» replicando la idea de que los constructores que usaron materiales mediocres se verán retrasados de estar con Cristo por el purgatorio. 

La Iglesia enseña que estos cristianos ya son salvos (CIC 1031), solamente que no han sido completamente purificados. Wright entiende este pasaje como el nivel de gloria en el que los cristianos serán salvados. Según él «unos serán salvos gloriosamente, y los otros por los pelos, con el olor a fuego aún impregnado en ellos».

Wright no se extiende más sobre esto, y entiendo que sus críticas sean tan simplistas porque el gran trabajo de Daniel Frayer-Griggs sobre este pasaje aún no había sido publicado para este tiempo. Pero tomando prestados sus aportes, continuemos. 

Para Griggs la frase «salvado así como por fuego» no es una metáfora de «salvarse por los pelos», sino que describe una acción instrumental. La idea de que la frase es proverbial, según Griggs, carece de paralelos cercanos a la literatura paulina. En cambio, el sentido instrumental de la frase «por fuego» (gr. diá púr) sí se encuentra muy cerca de la literatura paulina. La vemos, por ejemplo, en 1 Pedro 1,7 se dice que nuestra fe «es acrisolada por fuego» (diá púr), pero Griggs señala que también se encuentra en 1 Clemente, en Hermas, en la literatura Macabea, en los Salmos y en Zacarías1

Griggs concluye que el uso de la construcción σώζω + διά + el genitivo, como aparece en 1 Corintios 15, vista en otros pasajes, tiene un significado instrumental que «no es controvertido». Después de analizar algunos casos de la septuaginta, aunque también afirma que dichas construcciones aparecen en los Padres Apostólicos, concluye que σώζω + διά + el genitivo «toma sin ambiguedades el sentido instrumental» y que «uno tiene la impresión de que la resistencia al sentido instrumental de “salvo por el fuego” en 1 Cor 3,15 surge de la aparente inconsistencia entre ser salvo por medio del fuego, por un lado, y ser salvo por la gracia, el evangelio de Jesús o la fe en Cristo, por otro lado»2.

Dado que creemos que la biblia no es inconsistente con su propio mensaje, debemos tomar esta contradicción como una mera apariencia. Así, Griggs revela que sus propios hermanos protestantes están rechazando la exégesis católica hasta este punto basándose en una aparente inconsistencia, no real. 

Al final, Wright ya no provee más críticas sustanciosas contra el purgatorio, al menos ninguna que no haya sido cubierta en lo que acabo de escribir. Lo restante parece una exhortación pastoral más que crítica, así que no veo el sentido de abordarlo.

  1. Griggs, D. (2016). Saved Through Fire: The Fiery Ordeal in New Testament Eschatology Saved. USA: Wipf and Stock, ch. 6. ↩︎
  2. Ibid. ↩︎

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