La figura de Pedro y su liderazgo están bien evidenciados en las páginas del Nuevo Testamento. En los evangelios encontramos tres textos en particular que nos revelan detalles sobre la persona y misión de Pedro como líder del colegio apostólico. En este artículo veremos cada uno de ellos e intentaremos profundizar en los detalles que quizá puedan pasarse por alto; específicamente, veremos los textos de Mateo 16,18; Lucas 22,31 y Juan 21,15-17.
Mateo 16,18-19
Cuando pensamos en Pedro, el texto de Mateo 16,18-19 es quizá el más famoso. En su contexto general, Jesús lanza una pregunta sobre su identidad: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Vemos que Pedro toma la palabra y revela la identidad de Jesús como el Mesías, el Hijo del Dios vivo. El texto nos dice:
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.
En este episodio podemos extraer una serie de imágenes que apuntan a la misión e identidad de Pedro; un nuevo nombre, la roca, las llaves, atar y desatar son las más evidentes. Veamos qué significado tiene cada una de ellas y qué nos dice sobre Pedro.
Inicialmente el nombre de Pedro era Simón; sin embargo, en este pasaje, tras su confesión de fe, Simón recibe un nuevo nombre por parte de Jesús: desde ahora será llamado «Pedro» o Kefas en arameo, que significa piedra. De hecho, Jesús en Juan 1,42 ya había anunciado el posterior cambio de nombre. En las Sagradas Escrituras, el cambio de nombre apunta a una nueva misión que recibirá una persona; por ejemplo, Dios cambia el nombre de Abram a Abraham, a quien promete ser padre de multitudes según Génesis 17,5.
Esto es importante, pues muestra que Jesús, al cambiar el nombre a Simón, le está asignando una misión especial: ser el fundamento rocoso sobre el que edifica su Iglesia. El apologista católico Trent Horn señala:
El hecho de que se haya cambiado el nombre de Simón indica que recibió un encargo divino. Cada vez que Dios cambia el nombre de alguien, significa la nueva misión de una persona1
En algunas ocasiones nuestros hermanos protestantes dicen que la roca del pasaje no es Pedro, sino Jesús o la confesión de fe de Pedro (ya he tratado estas objeciones con más detalle aquí: [enlace]).
Sin embargo, basta decir que el consenso actual de académicos, independientemente de la tradición cristiana a la que pertenezcan, coinciden con la interpretación católica de asociar a Pedro con la roca del pasaje. Los autores del comentario Matthew: A New Translation with Introduction and Commentary indican: «Pedro como Roca será el fundamento de la futura comunidad».2 Alguien podría pensar que es exagerado darle a Pedro un cargo tan importante como ser el fundamento de la Iglesia; después de todo, versículos después Jesús lo reprende por intentar apartarlo de su destino en la cruz o a veces se le ve como un hombre temeroso. Sin embargo, los defectos de personalidad de Pedro no constituyen un argumento en contra. De hecho, W. F. Albright y C. S. Mann comentan:
Negar la posición preeminente de Pedro entre los discípulos o en la comunidad cristiana primitiva es una negación de la evidencia… El interés en los fracasos y vacilaciones de Pedro no resta valor a esta preeminencia; más bien, la subraya.3
Llaves del reino, atar y desatar
La siguiente imagen que exploraremos corresponde a las llaves del reino, la cual aparece en el versículo 19. En las Sagradas Escrituras, las llaves suelen ser un símbolo de autoridad. Según se nos explica en la obra Catholic Bible Dictionary:
Con mucha más frecuencia, una «llave» o «llaves» son símbolo de poder y autoridad (Is 22,22, donde la «llave» puede ser una llave literal, pero es también símbolo de autoridad). En el Nuevo Testamento, la llave cumple un propósito similar.4
Esto es muy revelador, ya que vemos que cuando Jesús da las llaves del reino a Pedro lo está invistiendo de autoridad. Algunos exegetas ven en las palabras de Cristo una alusión al pasaje de Isaías 22,22 en la que se promete un primer ministro para el reino de David: «Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá». Esta autoridad se ve reflejada en la acción de atar y desatar, que en el lenguaje judío tiene connotaciones disciplinares. El doctor en Sagrada Escritura Salvador Carrillo ofrece una explicación detallada que vale la pena citar:
La palabra de Jesús recuerda el pasaje de Isaías en el que Eliaquim es constituido nuevo primer ministro del rey Ezequías, el maestro del palacio o el visir, que recibe las llaves de la casa de David: «Él abrirá y él cerrará» (Is 22,15-25; cf. Job 12,14)… «Atar» y «desatar» son dos términos técnicos del lenguaje rabínico que primeramente se aplicaban al campo disciplinar de la excomunión a la que se condena (atar) o de la que se absuelve (desatar) a alguien y, ulteriormente, a las decisiones doctrinales o jurídicas, con el sentido de «prohibir» (atar) o «permitir» (desatar). Pedro, como mayordomo, cuyo distintivo son las llaves de la Casa de Dios, ejercerá el poder disciplinar de admitir o excluir a quien le parezca bien, y administrará la comunidad por medio de todas las decisiones oportunas en materia de doctrina y de moral.5
Es verdad que más adelante, en Mateo 18,18, todos los discípulos reciben también la autoridad de atar y desatar; sin embargo, esto no socava la autoridad de Pedro. Recordemos que es solo a Pedro a quien Jesús da las llaves. De esta manera, cuando al colegio apostólico se le da la autoridad de atar y desatar, se le concede como a un cuerpo unido a Pedro, cabeza visible del grupo. El Catecismo de la Iglesia Católica explica lo anterior en el numeral 881:
El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf. Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf. Jn 21, 15-17). «Consta que también el colegio de los apóstoles, unido a su cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro» (LG 22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás Apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.
Algunos protestantes objetan que en Apocalipsis 3,7 se nos dice que el Santo, es decir Jesús es quien tiene la llaves: «Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, el que cierra y nadie abre». Pero esto no es más que un falso dilema; el hecho de que Jesús tenga las llaves no invalida que Pedro las pueda tener también en virtud de la autoridad delegada de Cristo. Suan Sonna, máster en Nuevo Testamento por la Universidad de Harvard, explica: «Tanto Jesús como Pedro pueden poseer las llaves. Pedro las posee como administrador principal, de forma similar a como lo hizo Eliaquim bajo el rey Ezequías en Isaías 22:22, mientras que Jesús las posee como rey davídico».6
Lucas 22,31-32
Aparte del texto de Mateo 16,18, existen otros dos pasajes donde se muestra a Pedro como el líder a quien Jesús pide confirmar a sus hermanos en la fe y pastorear su rebaño. Estos textos se encuentran en los evangelios de Lucas y Juan. En Lucas 22,31-32 se nos narra lo siguiente:
¡Simón, Simón! Sábete que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo, pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.
Jesús dirige estas palabras a Pedro durante la noche de la Última Cena, antes de salir al monte de los Olivos. Nótese que Jesús se dirige a él de manera singular: «he rogado por ti». De hecho, en griego Lucas usa el pronombre singular (σύ), y luego le dice que él deberá ser quien confirme la fe de sus hermanos, en plural. Esto ya nos dice algo evidente sobre su papel como líder del colegio apostólico.
Jesús sabe que Pedro en unas horas lo negará tres veces; su fe puede verse debilitada, pero no extinguida, pues el mismo Señor promete orar por él. La caída de Pedro no corresponde a una pérdida total de fe, ya que, incluso en el momento de su negación, la gracia del arrepentimiento lo hará volver hacia su Maestro. Otro dato interesante del pasaje es que, a pesar de que más adelante todos los apóstoles en conjunto abandonarán a Jesús, tal como nos narra Mateo 26,31, Jesús solo ora por Pedro; esto remarca aún más su papel como líder del grupo.
Algunos protestantes intentan refutar el hecho de que a Pedro se le muestre con un liderazgo preeminente en el pasaje; por ejemplo, James White propone que la palabra «fortalecer», en griego stērizein (στηρίζειν), se usa en otros pasajes del Nuevo Testamento y no por ello se extraen las prerrogativas que los católicos le dan a Pedro. White sostiene:
Algunos dicen que Pedro se distingue de los demás por la frase «cuando te conviertas, fortalece a tus hermanos». Sin embargo, ni siquiera en ella encontramos fundamento para las prerrogativas papales en el pasaje, ya que esa terminología es común en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, el término utilizado aquí se emplea para referirse a Pablo fortaleciendo las iglesias de Siria y Cilicia, a Judas y Silas confirmando a los hermanos en Antioquía, y a Timoteo confirmando a la iglesia de Tesalónica (Hch 14:22; 15:32; 15:41; 18:23).7
La objeción de White parece interesante; sin embargo, tiene una debilidad de fondo. El apologista católico Karlo Broussard señala acertadamente que «la suposición parece ser que si una palabra o un motivo se utiliza para dos personas, debe significar lo mismo para ambas». Broussard además indica:
El uso de un motivo para referirse a varias personas no significa que sean iguales en cuanto a lo que expresa ese motivo. En nuestro caso, la Escritura nos dice que Dios fortalece, y Pablo fortalece, y Pedro fortalece, pero no estamos obligados a concluir que cada uno significa lo mismo. Se deben tomar en consideración otros detalles para determinar cómo se aplica el motivo a cada individuo.8
El problema es que, como indica Broussard, esto opaca el contexto y el fin específico del discurso de Jesús sobre Pedro y la misión que le es confiada, recordemos que Jesús ora especificamente por Pedro. Pasemos ahora al último texto, narrado en el Evangelio de Juan.
Juan 21,15-17
San Juan nos narra que, tras la resurrección y mientras Pedro se encuentra en la playa, Jesús se dirige a él y le encomienda pastorear a sus ovejas y apacentar sus corderos:
Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
Los teólogos concuerdan en que, en este episodio, Jesús restablece a Pedro tras sus tres negaciones durante la noche en que Jesús fue tomado para su posterior crucifixión ; esto se evidencia al comparar las preguntas del Señor con cada una de las veces que su discípulo lo negó. De hecho, alguien podría argumentar que esta escena se limita solo a una restauración personal, sin otorgar ningún tipo de liderazgo al apóstol.
Sin embargo, reducir este pasaje únicamente a una restauración personal resulta simplista, pues las palabras de Jesús van mucho más allá. Al igual que en Lucas 22,32, el Señor se dirige de manera exclusiva a Pedro para encomendarle de forma explícita el pastoreo de su rebaño. Siguiendo al exegeta Salvador Carrillo, podemos decir que «… Jesús rehabilita a Pedro y lo establece como pastor y jefe de sus corderos y de sus ovejas».9
En síntesis, hemos visto tres pasajes del Nuevo Testamento que definen la misión de Pedro: desde ser la roca de la Iglesia hasta pastorear las ovejas de Jesús con el deber de fortalecer a sus hermanos en la fe. Estos textos, leídos en conjunto, muestran con claridad que Pedro ejercía un liderazgo y una prominencia visible en el colegio apostólico.
- Trent Horn (2017). The Case for Catholicism: Answers to Classic and Contemporary Protestant Objections. Estados Unidos: Catholic Answers Press, ch 5 ↩︎
- Albright y Mann (1971). Anchor Bible, Vol. 26: Matthew. Estados Unidos: Doubleday, p.195 ↩︎
- Ibid. 195 ↩︎
- Scott Hahn (2009). Catholic Bible Dictionary. USA: Doubleday, ubicación Kindle 502 ↩︎
- Salvador Carrillo Alday (2008). El evangelio según san Mateo. España: Editorial Verbo Divino, pp. 220–221 ↩︎
- ¿Desmiente el Libro del Apocalipsis el Papado?, https://www.catholic.com/magazine/online-edition/does-the-book-of-revelation-disprove-the-papacy ↩︎
- James R. White (2024). Controvérsia Católica: Uma análise bíblica das doutrinas do catolicismo romano. Brasil: Pro Nobis Editora, p. 172, Kindle.
↩︎ - Karlo Broussard (2022). Meeting the Protestant Response: How to Answer Common Comebacks to Catholic Arguments. Estados Unidos: Catholic Answers Press, pp. 59–60, edición Kindle. ↩︎
- Salvador Carrillo Alday (2000). El evangelio según san Juan: El evangelio del camino, de la verdad y de la vida. México: Editorial San Pablo, p. 516 ↩︎