Fui modalista (algunos conocen esta doctrina como uncitarismo, aunque no se corresponde históricamente) por cuatro años. Fui un férreo defensor de esta postura. Sin embargo, algo que siempre me generó conflicto, aunque a pesar de ello lo defendía, fue la concepción de que Dios era, sumultáneamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a pesar de que las Escrituras los muestran interactuando entre ellos.
El fundamento del modalismo era el clásico shemá: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor» (Dt 6,4). La idea de fondo es que el shemá registra una concepción unipersonal de Dios. De forma que, al hablar de tres personas divinas, estamos yendo en contra de dicha proclamación de fe.
Los modalistas no suelen distinguir entre ser y persona: para ellos significa lo mismo. Algunos, en cambio, tienen un rechazo profundo al uso de «persona» en referencia a Dios (un resultado esperado para congregaciones fundamentalistas sin formación teológica y filosófica). Interactuemos, sin embargo, con el ala más culta de esta extraña denominación, y asumamos que el lector estará de acuerdo con nosotros en que Dios es un ser personal (ya sea una o tres personas divinas).
Entonces, ¿cómo enfrentamos este desafío?, ¿si Dios es tripersonal, implica que no es un ser Absoluto y Subsistente?
Para empezar, estamos de acuerdo en que las Escrituras muestran tanto al Padre, como al Hijo y al Espíritu Santo como divinos. La explicación natural de los hechos nos lleva a pensar que en algún sentido las tres personas divinas no son lo mismo. El trinitario dirá que, aunque son el mismo ser, no son la misma persona; el modalista dirá que son el mismo ser y la misma persona. La razón por la que suele rechazarse la teología trinitaria es más por razones de supuestas implicaciones metafísicas que sobre la base de estudios exegéticos. A primera vista, puede parecer que el trinitarismo promueve la existencia de tres dioses, pero eso es un error.
Desde el enfoque del teísmo clásico, Dios es concebido como el sumo bien. No es necesario demostrar esto entre cristianos. Santo Tomás de Aquino dice que «lo que se afirma de un modo sumamente perfecto, no puede encontrarse más que en un solo ser»1. Al hablar de un ser que es perfecto, no puede predicarse lo mismo de otros seres, ya que si decimos que hay dos seres perfectos, sería en razón de que hay algo que los distingue. Sin embargo, Dios no está compuesto de partes, Dios es espíritu (Jn 4,24), el motor inmóvil, aquel que carece de potencias y es acto puro. Sus perfecciones, cualesquiera que sean, se corresponde con su propio ser.
Si hablamos de que un ser perfecto A y un ser perfecto B son igualmente perfectos es una contradicción, porque si algo los distingue sería una cuestión de grados. Por ejemplo, que uno sea más bondadoso que el otro; pero, si A es más bondadoso que B, entonces B no es perfecto, porque carece de algo que A sí tiene: un grado bondad más elevado. Santo Tomás de Aquino lo explica en lo siguientes términos:
Si a ninguno de ellos le falta perfección alguna ni admite mezcla de imperfección, que más es lo exigido para que un ser sea totalmente perfecto, no habría modo de distinguirlos entre sí. Es, pues, imposible admitir varios dioses.2
Por lo tanto, si admitimos que las Escrituras enseñan que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son divinos y perfectos, dado que la perfección no puede predicarse de seres distintos, ¡deberíamos concluir que son el mismo ser incluso si son personas distintas entre sí! El modalista tiene la carga de la prueba en los siguientes supuestos:
- Que la personalidad implica distinción del ser en Dios.
- Que las Escrituras hablan del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo como si se tratara de la misma persona.
- Que los enunciados que ponen a las tres personas de la Trinidad como divinos implica triteísmo incluso si se afirma la igual perfección de los tres.
Hay un texto clave para el caso trinitario: Mateo 3,16-17:
Tan pronto como Jesús fue bautizado, subió del agua. En ese momento se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. Y una voz desde el cielo decía: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él».
Primero, vemos al Hijo de Dios en el río; al Padre hablando respecto al Hijo y al Espíritu Santo «descendiendo como una paloma». Los tres están marcadamente definidos como personas distintas. La voz del cielo no dice: «este soy yo en modalidad de Hijo y este que desciendo también soy yo en modalidad de Espíritu Santo». Eso suena a una broma de mal gusto y pervierte completamente el sentido claro de las palabras.
Tampoco estoy sugiriendo que el texto sistematiza toda la doctrina trinitaria como torpemente sugieren algunos apologistas unicitarios. A veces se objeta esta prueba diciendo que el pasaje no dice que las tres personas son coiguales, coexistentes, coeternas, etc., etc., pero, irónicamente, parece que el pasaje sí dice cosas descabelladas como las que entrecomillé en el párrafo anterior. El apologista unicitario Julio Clavijo hace una pregunta sobre este pasaje en su libro Un dios falso llamado Trinidad:
¿Cómo podría una parte de una misma persona estar en el agua, a la vez hablar desde el cielo y también descender en una forma corporal sobre él mismo?3
La respuesta de Clavijo es desconcertante. Afirma que esto es gracias a la omnipresencia de Dios, que él puede aparecer en distintos lugares porque es Dios. Comenta:
[Los trinitarios] no entiende que, de querer hacerlo, Jesús el Dios único, se puede manifestar en un solo momento, de distintas maneras y en distintos lugares, pues él es omnipresente y por lo tanto no está limitado a un lugar específico. Por ejemplo, si el Señor Jesús quisiera aparecer al mismo momento a diez hombres que viven en diez países diferentes y hablar con todos a la vez, podría hacerlo sin ningún problema.4
Pero Clavijo pierde totalmente de vista la objeción. La pregunta no es cómo un ser unipersonal puede comunicarse con distintas personas al mismo tiempo, sino por qué un ser unipersonal actuaría como tres personas distintas y divinas en un contexto determinado. Si Dios es unipersonal, el relato del bautismo es desconcertante. ¿Por qué Dios armaría un teatro donde aparecen tres sujetos: el Hijo, el Padre y el Espíritu Santo, si él es un solo sujeto? La explicación más razonable es que en este cuadro las tres personas se distinguen de alguna manera entre sí.
Una vez admitiendo que aquí hay tres personas, y que estas personas son descritas como divinas a lo largo del Nuevo Testamento, es mucho más fácil terminar de enterrar al modalismo. Dado que probamos que no puede haber más de un ser perfecto, en vista de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son descritos como perfectos en las Escrituras, ¡debemos concluir que son el mismo ser perfecto! Y dado que la razón y la lectura natural de los diversos pasajes del Nuevo Testamento nos proporcionan evidencia clara de que no son producto de un dios jugando al ventrílocuo, sino que su distinción se deduce por una lectura natural de los pasajes, tanto en su trasfondo teológico como la gramática misma de los textos, debemos concluir que estamos hablando de tres personas perfectas que son un solo ser divino o perfecto.
- Suma contra Gentiles, L. 1, XLII. ↩︎
- Ibid. ↩︎
- p. 433. Recuperado del propio blog de Julio Cesar Clavijo Sierra: Libro: Un dios Falso Llamado Trinidad, por Julio César Clavijo Sierra | FE BÍBLICA ↩︎
- Ibid. ↩︎