En defensa de los libros deuterocanónicos: respuesta a las objeciones (Parte II)

En la primera parte examinamos algunas objeciones comunes contra la inclusión de los libros deuterocanónicos (mal llamados apócrifos por los protestantes) en la Biblia. Estos argumentos suelen ser sencillos de refutar, pues en algunos casos parten de malentendidos o incluso se autorrefutan. En esta segunda sección analizaremos un único argumento que, a su vez, se sostiene en algunas afirmaciones. En concreto, el argumento dice que para la época de Jesús el canon hebreo ya era una lista cerrada de libros en la que los deuterocanónicos estaban ausentes.

Como mencionamos en la Parte I, la idea de un canon cerrado en el siglo I o incluso antes de Cristo es algo que respetados académicos ponen en duda. Conviene recordar las palabras de Lee Martin McDonald: «En la época del ministerio de Jesús (aprox . 26-30 d . C.), no existía una colección completa y definitiva de las Escrituras judías».1

Ahora bien, quienes sostienen lo contrario aún encuentran motivos para respaldar sus argumentos; analizaremos los más relevantes. Estos son el aparente testimonio de Jesús en textos como Mateo 23,34-35, y los escritos del historiador primitivo Flavio Josefo.

El testimonio de Jesús

El evangelista Mateo nos narra: «Mirad, yo os envío profetas y sabios y escribas. A unos los mataréis y crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad. Así recaerá sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar». Mateo 23,34-35 

Algunos protestantes sostienen que en este texto encontramos evidencia de un canon cerrado para la época de Jesús. Según esta postura, se infiere que Jesús estaría marcando los límites del canon hebreo mediante las figuras de Abel y Zacarías, dado que Abel aparece en el libro del Génesis (el primer libro de la Biblia hebrea) y Zacarías, hijo de Berequías, se identificaría con el Zacarías mencionado al final del libro de Crónicas (el cual cierra el orden tradicional del Tanaj).

Podemos decir que este razonamiento se apoya en dos premisas fundamentales: primero, que el Zacarías mencionado por Jesús es el mismo que se identifica en 2 Crónicas 24,20-22; segundo que 2 Crónicas era el último libro del Antiguo Testamento hebreo en esa época. Analicemos cada una por separado.

Zacarías mencionado por Jesús es el mismo que se identifica en 2 Crónicas 24,20-22.

Esta premisa parte del hecho de que el Zacarias descrito por nuestro Señor es el mencionado en  2 Crónicas 24,20-22: «Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joadá, que, erguido ante el pueblo, les dijo: «Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos del Señor? ¡No tendréis éxito! Por haber abandonado al Señor, él os abandonará».

Sin embargo, como señala el apologista católico Gary Michuta, esta asociación presenta algunas dificultades: primero, en 2 Crónicas, Zacarías es llamado hijo de Joadá, mientras que Jesús lo identifica como el hijo de Baraquías en el evangelio de Mateo; segundo, existen al menos cinco candidatos posibles con ese nombre: 

Esos candidatos son Zacarías, hijo de Jeberequías (Isaías 8:2); Zacarías, hijo de Baruc (Josefo, Guerras de los judíos, 4, 5, 4); Zacarías, hijo de Joiada (2 Crónicas 24:22); el profeta Zacarías, hijo de Baraquías (Zacarías 1:1); Zacarías, padre de Juan el Bautista (véase Protoevangelio de Santiago, 23, et al.); y un contemporáneo de Jesús, por lo demás desconocido, que fue asesinado en el área del templo.2

Algunos protestantes señalan que la aparente discrepancia entre «hijo de Joadá» e «hijo de Baraquías» no representa un problema real. Para sustentarlo, apelan a la costumbre genealógica y al uso del patronímico en la tradición judía, según el cual el término «hijo» (ben בֵּן) puede aplicarse no solo al progenitor directo, sino también a un antepasado o abuelo destacado. Bajo este esquema, Joadá habría sido el abuelo y Berequías el padre biológico de Zacarías; por ende, al llamarlo «hijo de Baraquía», Jesús simplemente habría precisado su filiación directa sin invalidar el linaje de Joadá. 

No obstante, Michuta señala acertadamente que aunque esto es legítimo resulta difícil hacer esta asociación en el texto pues «Si bien en el Antiguo Testamento puede haber casos excepcionales donde la fórmula del patronímico se refiere a un abuelo, este no es el caso en 2 Crónicas. Lo sabemos porque 24:22 dice: Así, el rey Joás no se acordó de la bondad que Joadá, padre de Zacarías, le había mostrado, sino que mató a su hijo»3 Por lo tanto, el texto apunta a que Joadá era el padre de este Zacarías y no su abuelo; por ende, no sería el mismo personaje mencionado por Jesús. 

De hecho, observamos a académicos especializados en el Antiguo Testamento que rechazan la postura a la que apelan los protestantes, según Barton Payne:

El asesinato de Zacarías, hijo de Joiada, por parte de Joás se ha interpretado a veces como el acontecimiento al que Jesús se refirió (Lc 11:51) como el último martirio registrado en el canon del Antiguo Testamento; pero esto parece improbable. La alusión de nuestro Señor probablemente se refería a Zacarías, hijo de Berequías (Mt 23:35; cf. Zac 1:1), que aparece al final de los profetas menores.4

Por lo tanto, según apunta Payne, la identidad del Zacarías descrito por Jesús no sería la del personaje de 2 Crónicas 24,20-22 sino el de Zacarías 1,1  y, por ende, el argumento protestante se vería debilitado. Pasemos ahora a la segunda premisa, esta asume que el libro de 2 Crónicas era el último del Antiguo Testamento hebreo en esa época.

2 Crónicas es tradicionalmente el último libro del Antiguo Testamento hebreo.

La otra premisa del argumento consiste en considerar el libro de 2 Crónicas como el último libro del Antiguo Testamento hebreo; sin embargo, esto no es tan evidente. De hecho, algunos sostienen que fue recién en el siglo XVIII cuando esta teoría tomó fuerza de la mano del teólogo protestante Johann Eichhorn, lo cual resultaría ser una fecha muy tardía.

Por otro lado, Craig Evans pone en duda identificar 2 Crónicas como el último libro del canon hebreo:

Pero este argumento supone no solo que en tiempos de Jesús 2 Crónicas se consideraba canónico, sino que ya se le había asignado el último lugar en la tercera división de las Escrituras, como ocurre en la Biblia hebrea actual. La suposición es, en cualquier caso, muy dudosa.5

Vemos, pues, que el argumento protestante, aunque a primera vista parece sólido, realmente presenta dificultades. Otro detalle importante es que las dos primeras biblias Hebreas completas que corresponden a los códices de Leningrado y Alepo no colocan a 2 Crónicas como el último libro. Según Evans, «el comentario de Jesús «desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías» probablemente pretende resumir la historia de Israel, no sus Sagradas Escrituras»6 Recomiendo el video de mi colega Miguel, quien ahonda más en el análisis de este texto aquí: NO HAY CANON PRE-CRISTIANO CERRADO | Mateo 23,35 y el argumento protestante

El testimonio de Flavio Josefo

Flavio Josefo fue un escritor e historiador judío del siglo I. Es conocido por sus populares obras, principalmente La guerra de los judíos, Antigüedades judías y Contra Apión. Algunos protestantes sostienen que Josefo, en su obra Contra Apión, sería testigo del canon corto del Antiguo Testamento; esto se debe a la mención de «22 libros» que equivaldrían al canon de 39 libros del Antiguo Testamento protestante, aunque contados de manera diferente.


Porque no tenemos entre nosotros una multitud innumerable de libros, que discrepan y se contradicen entre sí [como los griegos], sino solo veintidós libros, que contienen los registros de todos los tiempos pasados; que se creen con justicia que son divinos; 39 y de ellos cinco pertenecen a Moisés, que contienen sus leyes y las tradiciones del origen de la humanidad hasta su muerte. Este intervalo de tiempo fue de poco menos de tres mil años; 40 Pero en cuanto al tiempo desde la muerte de Moisés hasta el reinado de Artajerjes, rey de Persia, que reinó después de Jerjes, los profetas, que vinieron después de Moisés, escribieron lo que se hizo en su tiempo en trece libros. Los cuatro libros restantes contienen himnos a Dios y preceptos para la conducta de la vida humana. 41

(Josefo, Contra Apión, libro I, 37-41)

El problema con la afirmación de Josefo referente a los 22 libros es que, como señalan diversos especialistas, no tenemos certeza de a qué libros se refiere tal como comenta McDonald:

La primera referencia conocida a una colección limitada de las Escrituras judías proviene de Josefo, un historiador judío, a finales del siglo I d. C. (C. Ap. 1.37–43), pero los estudiosos no están seguros de cuáles eran exactamente los libros que formaban parte de su colección.7

Esta incertidumbre se debe a que, aunque parece haber acuerdo en la identificación de al menos los cinco libros de la Ley, no sucede lo mismo con los 17 restantes. Otro problema que presenta el texto de Josefo es que, como señala McDonald, el historiador era propenso a exagerar sus postulados; e incluso si aceptamos su lista, esta no era recibida de manera unánime por todos los judíos.

Es más probable que el canon de 22 libros reflejara sus propios deseos que el estado real del canon bíblico en aquel momento. Finalmente, lo que Josefo sostenía en cuanto a una colección fija de Escrituras judías no era aceptado unánimemente entre los judíos del resto del Imperio romano en el siglo I y posteriormente.8

En resumen, al examinar los tres argumentos presentados por los protestantes, observamos ciertas debilidades que comprometen su solidez: primero, la asociación con el Zacarías mencionado en el libro de Crónicas es dudosa, e incluso rechazada por varios eruditos; en segundo lugar, se asume que 2 Crónicas sería el último libro del canon, aunque esto podría responder a reorganizaciones tardías de la Edad Media; y tercero, recurrir a Josefo resulta inconveniente, pues ni siquiera sabemos con certeza a qué libros se refería. 

Al fin y al cabo, los intentos de algunos protestantes por fijar un canon cerrado antes o durante la época de Cristo chocan con la evidencia histórica. Me gustaría cerrar este artículo citando a Jean-Louis Ska, profesor de Antiguo Testamento en el Pontificio Istituto Biblico de Roma, quien advierte: 

Debemos añadir, no obstante, que es necesario ser cautos por cuanto concierne a la formación del canon hebreo. Las comunidades judías y sus responsables incluían libros y excluían otros, por lo que carecemos de elementos seguros para poder decir que el canon breve de la Biblia hebrea hubiera sido fijado antes del siglo IV d.C.9

  1. Lee Martin McDonald (2013). 100 Important Questions About the Bible… Answered!: Its Origin, Development, and Inspiration. USA: Bethany House Publishers, p. 7 ↩︎
  2. Gary Michuta (2017). Why Catholic Bibles Are Bigger. USA: Catholic Answers Press, versión digital, p. 47, nota al pie 11) ↩︎
  3. Ibid. 25 ↩︎
  4. Tremper Longman III y David E. Garland (eds.) (2006). The Expositor’s Bible Commentary – Abridged Edition: Two-Volume Set. USA: Zondervan, recurso digital en Perlego.com ↩︎
  5. Lee Martin McDonald y James A. Sanders (eds.) (2002). The Canon Debate. USA: Hendrickson Publishers, p. 150 ↩︎
  6. Ibid. p. 150 ↩︎
  7. Lee Martin McDonald (2013). 100 Important Questions About the Bible… Answered!: Its Origin, Development, and Inspiration. Bloomington, USA: Bethany House Publishers, p. 23 ↩︎
  8. Lee Martin McDonald (2011). The Origin of the Bible: A Guide for the Perplexed. T&T Clark, pp. 66-67 ↩︎
  9. Jean-Louis Ska (2017). Compendio de Antiguo Testamento: Introducción, temas y lecturas. España: Editorial Verbo Divino, Capítulo VI ↩︎

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