Las Biblias católicas y protestantes no son iguales; se diferencian en el Antiguo Testamento, específicamente en siete libros. Los católicos llamamos a estos textos «deuterocanónicos», mientras que los protestantes los denominan «apócrifos» y niegan que sean divinamente inspirados. Los libros en disputa son: Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc, además de ciertas adiciones en Ester y Daniel.
En este primer artículo analizaré algunas de las objeciones más comunes que los protestantes utilizan para rechazar la inclusión de estos libros en sus Biblias. Sin embargo, dividiré el estudio en dos partes: esta primera corresponderá a los argumentos más sencillos, propios de la apologética popular, mientras que en la segunda abordaré planteamientos más sofisticados.
Tomaré como base de referencia (además de libros de apologética protestante clásica), especialmente, el artículo «The Apocrypha as Scripture», perteneciente a la Baker Encyclopedia of Christian Apologetics del difunto apologista protestante Norman Geisler. Además para facilidad de lectura usaré la palabra «apócrifos» cuando me refiera a los deuterocanónicos.
Objeción #1 – No existen citas explícitas de los apócrifos en el Nuevo Testamento.
Según Geisler «Puede que existan alusiones en el Nuevo Testamento a los Apócrifos, pero ni una sola vez hay una cita explícita de ningún libro apócrifo aceptado por la Iglesia católica romana».1 Por su parte el apologista evangelico James McCarthy secunda esta afirmación, dice: «Aunque el Nuevo Testamento cita prácticamente todos los libros del Antiguo Testamento, no hay una sola cita de los apócrifos»2.
Podemos concluir, entonces, que la premisa es que, dado que estos libros no son citados directamente en los textos del Nuevo Testamento, entonces no están inspirados.
El problema que enfrenta esta objeción es que resulta contraproducente para los mismos protestantes: si tomamos como criterio para que un libro del Antiguo Testamento sea inspirado el que se cite explícitamente en el Nuevo Testamento, entonces tendríamos que poner en duda libros que todos los cristianos, incluidos los protestantes, aceptan; por ejemplo, Eclesiastés o Cantar de los Cantares, de los cuales no tenemos citas directas.
El profesor de Sagrada Escritura Bruce Metzger explica:
En ninguna parte del Nuevo Testamento hay una cita directa de los libros canónicos de Josué, Jueces, Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Eclesiastés, Cantares de Salomón, Abdías, Sofonías y Nahúm; y las alusiones a ellos en el Nuevo Testamento son pocas.3
Por lo tanto, esta primera objeción fracasa, ya que, si se toma en serio, refutaría el mismo canon que los protestantes actuales defienden vemos pues la grave inconsistencia de su razonamiento. Pasemos ahora a la siguiente objeción.
Objeción #2 – El Antiguo Testamento ya era una colección cerrada y fija de libros mucho antes de Cristo.
Algunos sostienen que, para la época de Cristo, el canon ya era una colección fija de libros y que los apócrifos no estaban presentes, al menos, en esta colección previamente definida. Quienes defienden esta postura argumentan a partir de diversos factores, como la aparente falta de profetas durante el período en que estos libros fueron escritos o algunos pasajes del Nuevo Testamento donde parece insinuarse tal idea.
Abordaré estos argumentos específicos en la Parte II; sin embargo, me gustaría citar a algunos académicos como testimonio previo de que tal afirmación es incorrecta. Los eruditos de la Universidad de Notre Dame, John Bergsma y Brant Pitre, afirman que:
Por otra parte, aunque algunas partes de las Escrituras judías estaban ampliamente aceptadas, otras eran objeto de continuo debate, resultando que en la época de Jesús durante el siglo I, no existía un canon «cerrado» de la Escritura que delimitara exactamente qué libros eran inspirados y cuáles no.4
Lo que señalan los autores tiene sentido, ya que, durante la época de Jesús, el judaísmo no era monolítico: existían al menos tres partidos diferentes (saduceos, esenios y fariseos), las cuales tenían diferencias sobre qué libros aceptaban. Por su parte, el académico protestante Lee Martin McDonald, uno de los mayores estudiosos del canon bíblico en la actualidad, señala que:
En la época del ministerio de Jesús (aprox . 26-30 d . C.), no existía una colección completa y definitiva de las Escrituras judías.5
Por lo tanto, desde el punto de vista histórico, tenemos razones para rechazar la afirmación protestante que sostiene que, para la época de Cristo, el canon del Antiguo Testamento hebreo ya era una colección cerrada.
Objeción #3 – Los libros apócrifos no fueron escritos por profetas.
El apologista protestante Ron Rhodes objeta que «… ningún libro apócrifo fue escrito por un verdadero profeta o apóstol de Dios».6 La presuposición fundamental del argumento planteado es que el estatus profético o apostólico del autor constituye un criterio válido para certificar la inspiración de un libro.
Sin embargo, esta objeción no resiste su propia exigencia: si la inspiración de un libro dependiera de haber sido escrito por un profeta en el sentido convencional, como Isaías o Jeremías, los protestantes deberían rechazar libros de su propio canon que no fueron escritos por profetas, como Esdras, quien era sacerdote y escriba (sofer-סופר סת”ם), y Nehemías, quien era copero del rey y gobernador (tirsatá-תִּרְשָׁתָא) (cf. Esdras 7,6, Nehemías 1,11).
Objeción #4 – San Pablo dice en Romanos 3,1 que los oráculos de Dios fueron confiados a los judios, por lo tanto son ellos quienes deben decidir el contenido del canon del AT.
San Pablo en su carta a los romanos dice «¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios». Algunos protestantes sostienen que, dado que a los judíos les fueron confiados los oráculos o la palabra de Dios, según la traducción, son ellos quienes tienen la potestad de definir el canon del AT.
Es importante comenzar por entender a qué se refiere San Pablo con «oráculos de Dios». Académicos como Frank Matera7 señalan que esto puede referirse a promesas mesiánicas, a los mandamientos de la Ley o bien, preferiblemente, a toda la Escritura. Ahora bien, tomando como base el hecho de que se esté refiriendo a la Escritura, esto tampoco termina de solucionar la afirmación protestante.
Uno debería preguntarse, ¿a qué judíos? Recordemos que en el siglo I el judaísmo no era monolítico y las diversas sectas que lo conformaban (saduceos, esenios y fariseos) discrepaban sobre la extensión del canon, Michuta sostiene:
El judaísmo del siglo I comprendía varios grupos, sectas y escuelas, cada uno de los cuales afirmaba ser la verdadera expresión del judaísmo. Si bien existía un acuerdo sustancial en muchos temas, todos estos grupos y sectas tenían opiniones diferentes, incluso sobre qué libros debían considerarse Sagrada Escritura.8
Por lo tanto, un protestante aún debería demostrar cuál de estas sectas sería la auténtica expresión del judaísmo en la que reposaba la autoridad para definir la extensión del canon del AT. Algunos afirman que estos serían los fariseos, pues Jesús dice: «Los escribas y fariseos se sientan en la cátedra de Moisés. Por tanto, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo» Mateo 23,2-3.
Sin embargo, esto aún no soluciona el dilema protestante, pues incluso entre los fariseos de la epoca existían diferencias sobre qué libros eran inspirados. Estos estaban divididos en escuelas de pensamiento diferentes, por un lado, la escuela de Hillel y, por otro, la escuela de Shammai. Frank Moore Cross indica que «… tan tarde como hacia finales del siglo I a. C., no había surgido una lista autoritativa, al menos en su forma final, ni siquiera en círculos fariseos».9
De todas maneras, durante el siglo I no existía un canon cerrado, como ya se ha mencionado, y para los cristianos es la Iglesia el ente vinculante para las decisiones, recordemos las palabras de nuestro Señor «Al que a vosotros escucha, a mí me escucha, y el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza». Lucas 10,16.
Objeción #5 – Un libro es reconocido como Escritura inspirada si es citado en otro texto bíblico con fórmulas introductorias como «así dice el Señor» o «así está escrito», los apócrifos no cumplen con esto.
Algunos protestantes pueden aceptar que haya alusiones a los apócrifos en el Nuevo Testamento; sin embargo, dado que estas no son introducidas con frases como «así dice el Señor» o «así está escrito», sería indicativo de que estos no eran considerados Escritura inspirada. El defecto que esta objeción presenta es el mismo que el de otras que hemos analizado, pues si la tomamos como estándar conlleva problemas para los propios protestantes.
Por ejemplo, Jesús cita a Daniel 9,27 en Mateo 24,15 sin usar tal introducción. Jimmy Akin, apologista catolico señala acertadamente que «Si nos limitáramos a los libros del Antiguo Testamento que se citan con fórmulas como «dice la Escritura» o «está escrito», muchos libros tendrían que ser excluidos del canon».10
Incluso académicos respetados como McDonald critican esta manera de pensar: «Ese argumento, por supuesto, muestra una falta de conocimiento de las numerosas ocasiones en que las Escrituras Hebreas fueron citadas en el NT sin usar esas designaciones…»11
En conclusión, los argumentos que hemos analizado en esta primera parte no resisten un escrutinio detallado: algunos contradicen la evidencia histórica o se autorrefutan. En la parte II analizaré otros argumentos un poco más sofisticados que suelen esgrimirse en contra de los libros deuterocanónicos, mal llamados apócrifos por los protestantes.
- Norman L Geisler (1998). Baker Encyclopedia of Christian Apologetics. USA: Baker Academic, p.29 ↩︎
- James G. McCarthy (1995). The Gospel According to Rome. USA: Harvest House Publishers, p. 338 ↩︎
- Bruce M. Metzger (1957). An Introduction to the Apocrypha. USA: Oxford University Press, p. 171 ↩︎
- John Bergsma y Brant Pitre (2019). Una introducción católica a la Biblia: Volumen 1. El Antiguo Testamento. España: Ediciones Palabra, ubicación Kindle 32 ↩︎
- Lee Martin McDonald (2013). 100 Important Questions About the Bible… Answered!: Its Origin, Development, and Inspiration. USA: Bethany House Publishers, p. 7 ↩︎
- Ron Rhodes (2000). Reasoning from the Scriptures with Catholics. USA: Harvest House Publishers, cap. II, edición Kindle ↩︎
- Ver Frank J. Matera (2021). Romans (Paideia: Commentaries on the New Testament).USA: Baker Academic, p. 81 ↩︎
- Gary Michuta (2017). Why Catholic Bibles Are Bigger. USA: Catholic Answers Press, cap. I, edición Kindle ↩︎
- Dante A. Urbina (2025). Biblia católica vs. Biblia protestante. p. 10, citando a Frank Moore Cross, «The Biblical Scrolls from Qumran and the Canonical Text», en James H. Charlesworth (ed.), The Bible and the Dead Sea Scrolls, vol. 1. USA: Baylor University Press, 2006, p. 70 ↩︎
- Jimmy Akin (2023). Quoting the Deuterocanonicals. Catholic Answers.https://www.catholic.com/audio/ddp/quoting-the-deuterocanonicals ↩︎
- Lee Martin McDonald (2023). Before There Was a Bible: Authorities in Early Christianity. T&T Clark, p. 16 ↩︎