Al protestantismo se le acusa de incurrir en una anarquía hermenéutica. Algunos de manera sarcástica les han hecho notar que, aunque desprecian la doctrina del papado, ellos actúan como sus propios Papas cuando se trata de la interpretación de las Escrituras. El problema del juicio privado es cosa seria en el protestantismo: causa de división, separatismos denominacionales, tensiones internas, etc.
A pesar de ello, algunos teólogos han buscado hacer el esfuerzo de reducir sobre todo las tensiones externas. Nosotros percibimos que toda esta problemática nace del rechazo de la Iglesia como intérprete definitivo de la Palabra de Dios, de la Tradición Sagrada como infalible y vinculante, y de la elevación del juicio privado en la práctica como guía segura para interpretar la Revelación.
Estos teólogos a menudo replican que ellos, de hecho, valoran la Tradición y valoran la autoridad de la Iglesia, aunque no las dotan de carismas de infalibilidad. Según estos teólogos, las Escrituras no deben interpretarse fuera de las fronteras de la Iglesia (¿invisible?), por lo que con esto estarían negando cualquier entronización de la conciencia individual para entender adecuadamente las Escrituras.
Debido a esto, uno debe pensar que para interpretar bien las Escrituras primero debo pertenecer a una comunidad reconocida como la Iglesia de Cristo. Entonces, solo aquí, tendré garantía de que mi comprensión de las cosas necesarias para la salvación son las adecuadas. Algunas confesiones de fe protestantes son claras en este punto. Por ejemplo, la Confesión Belga (art. 29) describe de qué manera podemos encontrar a la verdadera Iglesia:
Creemos que debemos discernir diligente y muy cuidadosamente, por medio de la Palabra de Dios, cuál es la verdadera iglesia —porque todas las sectas en el mundo hoy reclaman para sí mismas el nombre de «la iglesia». La verdadera iglesia se puede reconocer por las siguientes marcas: La iglesia se ocupa en la predicación pura del evangelio…
La Confesión de Fe de Westminster (XXV, 3) también dice que la manera de identificar a la Iglesia visible es a través de la evaluación doctrinal:
La iglesia visible, que bajo el Evangelio también es católica o universal (no está confinada a un país, como lo estaba bajo la ley), consiste de todos aquellos, en todo el mundo, que profesan la verdadera religión, juntamente con sus hijos; y es el reino del Señor Jesucristo, la casa y familia de Dios, fuera de la cual no hay posibilidad ordinaria de salvación.
De la misma manera la Confesión de Fe de Augsburgo de 1530 (VII) señala:
Se enseña también que habrá de existir y permanecer para siempre una santa Iglesia Cristiana, que es la asamblea de todos los creyentes, entre los cuales se predica genuinamente el Evangelio y se administran los Santos Sacramentos de acuerdo con el Evangelio. Para la verdadera unidad de la Iglesia Cristiana es suficiente que se predique unánimemente el Evangelio con toda pureza…
Ahora bien, note las cosas que dicen estas confesiones. En primer lugar, la verdadera Iglesia es aquella donde se predica «el Evangelio con toda pureza» (Augsburgo), la que «profesa la verdadera religión» (Belga) y donde se da «la predicación pura del evangelio» (Westminster). En segundo lugar, estas confesiones sugieren que la pureza del evangelio solamente se encuentra en la Iglesia de Cristo, es la marca distintiva de la Iglesia.
Entonces, consideren el siguiente escenario. Si un creyente decide empezar a seguir a Cristo, debe buscarlo primero a él y luego a la congregación de los justificados que ha dejado aquí en la tierra. ¿De qué manera puedo identificar a dicha comunidad? Según estas confesiones de fe, a través del examen de la doctrina que promueve cada comunidad. Sin embargo, ¿cómo evaluaré quién predica el verdadero evangelio en toda su pureza? Desde un marco protestante, leyendo las Escrituras; pero, ¿no se supone que para interpretar adecuadamente las Escrituras debo seguir el consejo de la Iglesia y la Tradición que le precede?, ¿pero cómo hacerlo si aún no pertenezco a la Iglesia?
Esta forma de eludir la carga del juicio privado en las decisiones protestantes sobre la interpretación de las Escrituras hace que el sistema protestante sea absurdo y paradójico. Para interpretar adecuadamente el evangelio debo estar comprometido con la Iglesia en cuanto a interpretar comunitariamente la Palabra de Dios, pero no puedo hacer esto último si aún no estoy comprometido con la Iglesia en virtud de que no puedo interpretar adecuadamente las Escrituras ya que todavía estoy buscando la comunidad donde debo hacerlo.
Esta circularidad mete en aprietos al paradigma protestante. Al final de cuentas, uno nunca interpretará las Escrituras dentro de la comunidad eclesial en principio. Finalmente, todo depende del criterio individual de la persona que se acerca a la Biblia, extrae enseñanzas de ella a modo de juicio privado y luego utiliza esas enseñanzas para evaluar cada Iglesia y ver que cumpla con los estándares «bíblicos» que él ha encontrado. ¿Qué es eso sino ser el juez final en las disputas doctrinales?