Apocalipsis 12: ¿Hay espacio para María?

Es común que durante la fiesta de la solemnidad de la Asunción de María se lea en la liturgia el capítulo 12 del libro del Apocalipsis. En este pasaje se nos narra una visión de Juan en la que se describe a una mujer vestida de sol y con la luna bajo sus pies. Para los católicos, asociar a este personaje con María es algo natural. Sin embargo, no son pocos los que intentan refutar la identificación de la mujer del Apocalipsis con la madre de Jesús. El texto en cuestión dice lo siguiente:

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.  También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.  Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono (Apocalipsis 12, 1-6).

Nótese que en el pasaje aparecen tres personajes: la mujer, el niño y el dragón. Con respecto al niño y al dragón no suele haber debate sobre su identificación, ya que el niño representa a Jesús, quien regirá a todas las naciones, y el dragón se asocia directamente con el diablo, la serpiente antigua. El debate se centra en torno a la mujer. ¿Quién es?, ¿es acaso la Virgen María, es la Iglesia o es un símbolo de Israel?

Para responder a esta pregunta es necesario primero entender la naturaleza del libro del Apocalipsis, el cual está escrito en un género llamado apocalíptico. Como explica el comentarista bíblico Peter Williamson, este género se caracteriza por ser rico en simbolismos, visiones y lenguaje críptico, además de poseer otras particularidades que lo hacen muy distinto a lo que estamos acostumbrados. Conviene recordar que este estilo literario se desarrolló alrededor del año 200 a.C. y tuvo gran influencia en el judaísmo y cristianismo temprano. 

Esto de entrada ya nos debería advertir sobre la posible flexibilidad al interpretar los diversos símbolos que aparecen. Como comenta el especialista en Sagrada Escritura G.K. Beale: «Sin embargo, es cierto que la mayoría de los símbolos del Apocalipsis poseen múltiples asociaciones o significados, y que el intérprete nunca puede estar seguro de haber descubierto todos los significados posibles de un símbolo»1.

Aclarado lo anterior, responderemos primero a dos argumentos que suelen plantear algunos protestantes contra la identificación de María en el pasaje.

La primera objeción plantea que la mujer no se puede asociar con María, pues realmente lo que está simbolizando es a Israel o a la Iglesia. En realidad no existe una visión única entre los apologistas protestantes, aunque en lo que muchos coinciden es en descartar a María como un posible referente.  Según Ron Rhodes: «La «mujer» mencionada en este versículo no es María, sino la nación de Israel»2. Para sustentar su postura, Rhodes cita al teólogo John Walvoord, quien explica que algunos símbolos del pasaje del Apocalipsis, como la luna y las estrellas, se pueden interpretar en relación con imágenes que encontramos en el Antiguo Testamento en los sueños de José. De esta manera, el texto más bien estaría apuntando a Israel. 

¿Qué podemos responder a esto? Los católicos estamos de acuerdo en que la mujer del Apocalipsis puede representar a la Iglesia o a Israel, pero no únicamente a estos elementos, dejando a María por fuera. Si aceptamos que el niño del texto es Jesús como persona individual, entonces tenemos razones de peso para ver a María también presente en el pasaje como la madre del niño. 

Antonio Ducay, profesor de Teología Dogmática, afirma que: «Aunque la mujer vestida de sol es una figura colectiva, su maternidad mesiánica pone al centro de ésta a María, como mujer singular»3. También el erudito protestante Richard Bauckham señala: «Ella es la madre de Jesús y de los cristianos: Eva y María, Israel, Sión y la Iglesia, todas ellas unidas en una imagen de la esencia espiritual del pueblo del pacto de Dios»4.  Por lo tanto, cuando un protestante objeta que la mujer es Israel o la Iglesia, un católico no tiene problema alguno, después de todo el texto es flexible y no hay necesidad de caer en falacias de falso dilema. 

Pero ¿qué pasa con el tema de los dolores de parto? Si María puede ser la mujer del texto, ¿no entra esto en contradicción con la creencia católica de que ella fue libre de los dolores de parto? Nuevamente Ron Rhodes objeta: «El hecho de que esta mujer estuviera embarazada y gritara de dolor va en contra de la afirmación católica romana de que María prácticamente no sufrió dolor durante el nacimiento de Jesús»5. ¿Qué podemos responder ante el señalamiento de Rhodes? 

Vale la pena preguntarse: ¿se está refiriendo el autor a dolores de parto literales en el nacimiento en Belén o más bien se refiere a algo diferente? Para responder es importante acudir al texto griego, ya que en el verso 2 se utiliza la palabra griega basanizō (βασανίζω)6 que se puede traducir como «tormento, fastidio o agitación», esto con respecto a los sufrimientos por el parto. Lo interesante de esta palabra en el pasaje es que, como argumenta André Feuillet en su obra Johannine Studies, no alude a dolores literales del parto en la literatura del Nuevo Testamento: 

… pero es un hecho que en la LXX, el Nuevo Testamento, los apócrifos, los papiros y los escritos de los Padres, no hay ni un solo caso en el que el verbo basanizō  se utilice para referirse a los dolores del parto.7

Por lo tanto, los protestantes que objetan que María no puede ser la mujer del Apocalipsis por los dolores de parto fracasan, pues el texto no se refiere a sufrimientos literales en el nacimiento de Jesús. Sin embargo, aún uno puede preguntarse a qué se refieren y en qué sentido los menciona el autor. Algunos académicos apuntan que estos dolores de parto de la mujer, en relación con la Virgen María, apuntan a los sufrimientos de la crucifixión. 

Edward Sri, en su estudio sobre María en el Nuevo Testamento, defiende esta postura:

De manera similar, las imágenes de los dolores de parto se asocian con los sufrimientos de Cristo en el Calvario (Jn 16:20-21; cf. Hch 2:24). Así es como se utiliza aquí en Apocalipsis 12: las imágenes del dolor de parto en 12:3-4 apuntan metafóricamente al sufrimiento que rodeó la muerte de Jesús, mientras que el parto del niño en 12:5 describe la Resurrección de Jesús.8 

Ya vimos que hay buenas razones para ver a la mujer del Apocalipsis como un símbolo tanto colectivo (Israel o la Iglesia) como individual, en este caso la Virgen María. Partiendo del hecho de que los otros individuos que aparecen pueden verse de forma individual, tendríamos algo como lo siguiente:

  • Dragon = Satanas (individual) 
  • Niño = Mesías (individual)
  • La mujer = madre del Mesías (individual) 

Al respecto Brant Pitre explica: «Dicho de otro modo, si el dragón simboliza a un individuo (Satanás), y el niño simboliza a otro (Jesús), entonces es coherente que la mujer también simbolice a uno (María)»9.  Esta conexión la podemos rastrear ya desde la antigüedad en la Iglesia, por ejemplo en el siglo V, con San Quodvultdeus: «Que ninguno de vosotros ignore [el hecho] de que el dragón [en el Apocalipsis del apóstol Juan] es el diablo; sabed que la virgen significa María, la casta, que dio a luz a nuestra casta cabeza»10.

En conclusión, la figura de la Virgen María en Apocalipsis 12 se encuentra presente, aunque sea de forma implícita en el pasaje, tal como afirman algunos los eruditos contemporáneos y los escritores eclesiásticos al menos desde el siglo V con Quodvultdeus de Cartago , e integrándose en la liturgia actual. Por lo tanto, la postura protestante que desvincula a María de las implicaciones de este pasaje incurre en una falacia de falso dilema, pues, como hemos visto, es perfectamente viable identificar a María con la mujer de Apocalipsis 12 en su papel como madre del niño, quien ha de regir a todas las naciones con vara de hierro.

  1. Beale, G. (2015). John’s Use of the Old Testament in Revelation. T&T Clark, p. 59. ↩︎
  2. Rhodes, R. (1993). Reasoning from the Scriptures with Catholics. Harvest House Pub, p. 320. ↩︎
  3. Ducay. A. (2022). La Asunción de María al Cielo: Historia, Teología, éschaton. España: EUNSA, p. 99. ↩︎
  4. Bauckham, R. (1993). The Theology of the Book of Revelation. Cambridge University Press, p. 128. ↩︎
  5. Rhodes, Reasoning… p. 128. ↩︎
  6. Strong’s Greek: 928. βασανίζω (basanizó) — To torment, to torture, to vex, to distress ↩︎
  7. Fauillet, A. (1965). Johannine studies. Alba House, p. 262. ↩︎
  8. Sri, E. (2018). Rethinking Mary in the New Testament: What the Bible Tells Us about the Mother of the Messiah. USA: Augustine Institute – Ignatius Press, p. 208. ↩︎
  9. Pitre, B. (2022). Jesus y las raices judias de Maria: Descubrir a la madre del Mesias. USA: The Catholic University of America Press, p. 31. ↩︎
  10. Tercera Homilía sobre el Credo 3:5 en https://www.beholdthetruth.com/assumption-of-mary disponible en Quodvultdeus of Carthage ↩︎

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